P. Francisco J: Rebollo Leòn SIERVOS DEL DIVINO AMOR

P. Francisco J. Rebollo Leòn SIERVOS DEL DIVINO AMOR

martes, 3 de mayo de 2011

LA EUCARISTIA MEMORIAL DEL MISTERIO PASCUAL: PASION, MUERTE Y RESURRECCION.

HERMANOS CON MOTIVO DE LA CELEBRACION DE LA PASCUA Y DE LA FIESTA DE LA EXALTACION DE LA SANTA CRUZ LES DEJO ESTA REFLEXION DE S.S. BENEDICTO XVI SOBRE LA EUCARISTIA Y LA PASION, MUERTE Y RESURRECCION DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.








¡Queridos hermanos y hermanas!

Celebraremos la fiesta litúrgica de la Exaltación de la Santa Cruz. En el Año dedicado a la Eucaristía, esta celebración cobra un significado particular: nos invita a meditar en el profundo e indisoluble lazo que une la celebración eucarística con el misterio de la Cruz. Cada santa misa, de hecho, actualiza el sacrificio redentor de Cristo.



Al Gólgota y a la «hora» de la muerte en la cruz --escribe el querido Juan Pablo II en la encíclica «Ecclesia de Eucharistia»-- «vuelve espiritualmente todo presbítero que celebra la Santa Misa, junto con la comunidad cristiana que participa en ella» (n. 4). La Eucaristía es por tanto el memorial de todo el misterio pascual: pasión, muerte, descenso a los infiernos, resurrección y ascensión al cielo, y la Cruz es la manifestación impactante del acto de amor infinito con el que el Hijo de Dios ha salvado al hombre y al mundo del pecado y de la muerte.




Por este motivo, el signo de la Cruz es el gesto fundamental de la oración del cristiano. Hacerse el signo de la Cruz es pronunciar un «sí» visible y publico a quien murió por nosotros y resucitó, al Dios que en la humildad y debilidad de su amor es el Omnipotente, más fuerte que toda la potencia y la inteligencia del mundo.




Después de la consagración, la asamblea de los fieles, consciente de estar ante la presencia real de Cristo crucificado y resucitado, hace esta aclamación: «Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡ven Señor Jesús!». Con los ojos de la fe la comunidad reconoce a Jesús vivo con los signos de su pasión y, junto a Tomás, llena de maravilla, puede repetir: «Señor mío y Dios mío» (Juan 20, 28).




La Eucaristía es misterio de muerte y de gloria como la Cruz, que no es un incidente en el camino, sino el pasaje por el que Cristo entró en su gloria y reconcilió a la humanidad entera, derrotando toda enemistad. Por este motivo, la liturgia nos invita a implorar con esperanza confiada: «Mane nobiscum, Domine!» ¡Quédate con nosotros, Señor, que por tu santa cruz has redimido al mundo!



María, presente en el Calvario ante la Cruz, está también con la Iglesia y como Madre de la Iglesia, en cada una de nuestras celebraciones eucarísticas (Cf. encíclica «Ecclesia de Eucharistia», 57). Por este motivo, nadie mejor que ella nos puede enseñar a comprender y a vivir con fe y amor la santa Misa, uniéndonos al sacrificio redentor de Cristo. Cuando recibimos la santa comunión, como María y unidos a ella, nos abrazamos al madero que Jesús con su amor ha transformado en instrumento de salvación y pronunciamos nuestro «amén», nuestro «sí» al Amor crucificado y resucitado.


S.S. BENEDICTO XVI

ANGELUS DEL 11 DE SEPTIEMBRE DE 2005





sábado, 26 de marzo de 2011

EL DON POR EXCELENCIA





La EUCARISTÌA es el "Don por Excelencia" nos dice el Papa Juan Pablo II en la Encìclica Ecclessia de Eucarstìa, "porque es don de sí mismo, de su persona en su santa humanidad y, además, de su obra de salvación"( cfr. No.11).

Es pues el regalo màs grande que nos dejò nuestro Salvador, ya que en la EUCARISTÌA se renueva el Sacrificio de Cristo y quiso dejarla manera en que pudieramos participar en ese Sacrificio todos y lo hace incluso antes que ocurriera en el Calvario.






Es el Don por excelencia porque nos muestra el Amor Misericordioso de Dios al extremo, como lo dice el mismo Juan Pablo II en el mismo nùmero 11 de  la encìclica citada: " ¿Qué más podía hacer Jesús por nosotros? Verdaderamente, en la Eucaristía nos muestra un amor que llega « hasta el extremo » (Jn 13, 1), un amor que no conoce medida."

Es Sacramento Eucarìstico que se nos da en su Cuerpo entregado por nosotros y su Sangre Preciosìsima derramada por todos. En esto nos muestra la universalidad de la Caridad de Dios, es por todos y para todos.







Ademàs "La Misa hace presente el sacrificio de la Cruz, no se le añade y no lo multiplica", ( cfr. item No 12) es decir que se realiza el mismo Sacrificio del Calvario y es siempre la misma Vìctima, no es algo distinto y nos son muchos sacrificios distintos. Y siempre es el Sacrificio de la Cruz, donde Cristo se da por entero y entrega su vida por todos.




Vemos entonces que la EUCARISTIA es ese "DON DE DIOS POR EXCELENCIA", y me pregunto: ¿Porquè si es el Don por excelencia, son tan pocos los que lo reciben y participan de la Eucaristìa? ¿Serà que no hemos entendido la grandeza de la Eucaristìa en la misma Iglesia?




Se nos ha presentado la participaciòn en la Misa como una obligaciòn o al menos esa percepciòn se ha quedado de tiempos anteriores, sin embargo si supieramos el Don de Dios y nos dieramos cuenta cabal que la EUCARISTÌA es lo màs grande que nos puede acontecer en esta vida, ciertamente valorarìamos con otros criterios nuestra celebraciòn Eucarìstica.

Penesemos que Jesùs nos ha dado el regalo màs grande y maravilloso que es el Don de sì mismo y nos lo ha dejado de modo que podemos acceder a El cada que queramos asisitir a una misa, esto hermanos es para quedarnos admirados ante el gran Amor de Dios por la humanidad.

P. Francisco.

lunes, 7 de marzo de 2011

EL SANTÍSIMO SACRAMENTO Y EL MIÉRCOLES DE CENIZA

Este artículo lo tomé integro de Catholic.net ya que es muy importante darle prioridad a lo que lo tiene, en este caso Jesús Sacramentado, que muy frecuentemente es ignorado por la mayoría de quienes acuden a tomar ceniza.


Autor: Ma esther De Ariño | Fuente: Catholic.ne
En la frente... una cruz de ceniza bendecida
Pero los que están en la fila de la ceniza... ¡ni una mirada, ni un saludo, ni una reverencia a Dios que está escondido en el Sagrario!
 
En la frente... una cruz de ceniza bendecida

El próximo miércoles 9 iniciaremos la Cuaresma, tiempo penitencial para los católicos y vemos como infinidad de personas, quizá algunas que hace mucho tiempo no han acudido a la Iglesia, se forman en largas filas para que les marquen la frente con una cruz de ceniza bendecida.

Llegan, se forman en la fila, reciben la ceniza y se van... Personas buenas, almas cándidas quizá, que siguen una tradición que tienen carácter de ritual al que pudiera caber, en su entendimiento, algo mágico y que por nada del mundo dejarían pasar esta fecha sin llevar en su frente la huella de la ceniza.

Cosa buena es que esta tradición del Miércoles de Ceniza esté tan arraigada en el corazón de los fieles católicos.

Quizá todos los que estén en la fila sepan qué es lo que significa y que de ninguna manera es, ni obligación ni Sacramento.

Quizá todos vayan meditando -ya que de eso se trata- sobre el punto filosofal de que polvo somos y en polvo nos convertiremos.

Quizá todos deseemos empezar la Cuaresma con un acto de humildad y pidiendo perdón por nuestros pecados.

Tal vez, y esto esta muy bien, pero hay "algo" que no está bien.

Veamos: hemos entrado al Templo, estamos en la Iglesia, en la casa de Dios y no parecería posible entrar en esa casa y no saludar al Dueño, al Señor, al Dios Supremo Hacedor de todas las cosas, al Rey de Reyes, el Altísimo Señor, el Omnipotente que está en infinita humildad en el Sagrario en Cuerpo y Alma. Tan auténtico como cuando caminaba por las orillas del Jordán, tan real como cuando se sentó en el borde del pozo para pedirle agua a la samaritana, el mismo Dios, el mismo Cristo.

La puerta del Sagrario está cerrada, una luz roja parpadeante nos anuncia que está ahí el Señor, Dios nuestro.

Las personas están en la fila de la Ceniza... ¡ni una mirada, ni un saludo, ni una reverencia al Dios que está escondido en el Misterio de amor que es la Eucaristía!

¿Cómo es esto posible? ¿Será más importante llevar en la frente un signo de humildad que caer primero de rodillas ante el Sagrario y aunque no lo veamos con los ojos de la carne, decirle con los del alma: "Creo en Tí, Señor, y te amo", o simplemente con las palabras de Santo Tomás: "Señor mío y Dios mío" ?

Y ya que estamos en este tema diremos que ocurre lo mismo cuando algunas personas entran en la Iglesia y se van derechitas al Santo de su devoción. Se arrodillan, le piden quién sabe que cosa y se van. Tal vez no haya culpa, es falta de formación y de que no nos hayan dicho una y mil veces, hasta que nos cale, que al que tenemos que reverenciar y adorar es al Dios vivo que está presente con su Cuerpo, su Alma y su Divinidad en el Sagrario. Los grandes santos son intercesores de las gracias que pedimos ante Dios.

Tal vez también sea que creer en esto, es más difícil que creer en el poder del Santo. El culto a los Santos, - como nos dice en sus homilías Mons. George Chevort, no es obligatorio, sino facultativo." Pedirle a los Santos es como una etapa, como un escalón, no un término.

El objetivo de nuestra religión es la Santísima Trinidad que tiene derecho a nuestra adoración y de la cual proceden todos los bienes que necesitamos y el Mediador indispensable es Jesucristo, Hijo de Dios y hombre.

Glorifiquemos a Dios en sus Santos. Ahora bien, la primera de todos los Santos: no fuera de, sino en primer rango y un rango a parte, es la Bienaventurada Virgen María. La primera y aparte porque no solo es obra de Dios, sino que es la obra maestra de Dios. Es la Madre de Dios porque Ella difundió en el mundo la luz Eterna, Jesucristo Nuestro Señor.

¡Cuánta preparación y cuánta información sobre nuestra Fe nos hace falta para vivir y obrar como verdaderos cristianos!. Vivamos nuestra religión con orden y profundidad. Que seamos el ejemplo viviente para los que nos ven, que formándonos y estudiando podremos cumplir con los grandes misterios de nuestra religión tal y como nos lo enseña nuestra Santa Madre la Iglesia Católica y que imitando a los Santos entremos en esta Cuaresma con espíritu de oración y sacrificio. 

TOMADO DE CATHOLIC.NET.

jueves, 3 de marzo de 2011

LA INSTITUCION DE LA EUCARISTIA

EL JUEVES SANTO
.

Hoy  jueves quisiera que reflexionáramos sobre el origen de la Eucaristía que nos dejó Nuestro Señor en la última Cena, aquella noche memorable en el Cenáculo donde celebraba la Pascua Judía con sus discípulos y que transforma Jesucristo en un legado Divino al instituir el Sacramento del Orden y el Sacramento del Amor: la Eucaristía, dos sacramentos que van unidos precisamente por su origen y por su importancia y dependencia uno de otro, no hay Eucaristía sin Sacerdocio y no hay Sacerdocio sin la Eucaristía.
El santo Padre Juan Pablo II en la introducción a su Encíclica ECLESSIA DE EUCARISTIA en el número 2, nos describe con esa sencillez propia de Él ese momento en que Nuestro Señor instituye  la Eucaristía la noche del Jueves Santo:

 El Cenáculo es el lugar de la institución de este Santísimo Sacramento. Allí Cristo tomó en sus manos el pan, lo partió y lo dio a los discípulos diciendo: « Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros » (cf. Mt 26, 26; Lc 22, 19; 1 Co 11, 24). Después tomó en sus manos el cáliz del vino y les dijo: « Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados » (cf. Mc 14, 24; Lc 22, 20; 1 Co 11, 25). Estoy agradecido al Señor Jesús que me permitió repetir en aquel mismo lugar, obedeciendo su mandato « haced esto en conmemoración mía » (Lc 22, 19), las palabras pronunciadas por Él hace dos mil años.”


Es pues ese Jueves Santo el momento en que Jesús se nos da anticipando su Sacrificio cruento que se llevaría a cabo al día siguiente en el Calvario. Es una manera de perpetuar su entrega por Amor a su Padre y a la Humanidad y de que se repitiera una y otra vez en cada Misa celebrada a través de los siglos hasta la consumación de los tiempos. Es pues el colmo de la Generosidad Divina.
En la entrada anterior señalaba que la Eucaristía tiene, por decirlo así, tres momentos: Sacrificial, Comunión y Adoración. En el Código de Derecho Canónico de la Iglesia Universal nos los describe así en el Canon:898
“Tributen los fieles la máxima veneración a la santísima Eucaristía, tomando parte activa en la celebración del Sacrificio augustísimo, recibiendo este sacramento frecuentemente y con mucha devoción, y dándole culto con suma adoración; los pastores de almas, al exponer la doctrina sobre este sacramento, inculquen diligentemente a los fieles esta obligación”



Es pues el momento Sacrificial el que nos va a ocupar en las siguientes entradas y posteriormente los otros dos: Comunión y Adoración.

domingo, 27 de febrero de 2011

EL CIELO EN LA TIERRA



Hermanos he querido añadir este Blog sobre la Eucaristía ya que es lo más importante para nosotros los Católicos. Es Manantial y Cumbre de la Vida Cristiana, Sacramento de Amor, banquete divino, sacrificio que se renueva, entre otras realidades; es además el Centro de nuestra espiritualidad Siervos del Divino Amor y sin duda es el Cielo en la Tierra.

Esta presencia real de Nuestro Señor Jesucristo es:




presencia Sacrificial de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, Víctima y Altar.(Carta a los hebreos);




presencia que nos alimenta verdaderamente: " El que come mi carne y bebe mi sangre tendrá Vida Eterna" Jn 6,54;





y presencia que permanece en los sagrarios del mundo: " Yo estoy con ustedes hasta la consumación del mundo"Mt 28,20.

Me propongo incluir algunas reflexiones semanales sobre la Eucaristía desde toda la riqueza de nuestra Fe: la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio, de la Iglesia; sin olvidar la vivencia actual de este Sacramento de Vida, esto de la manera más sencilla posible para que podamos profundizar en este gran misterio del Amor de Dios hacia nosotros y del cual depende nuestra verdadera felicidad y para lo que fuimos hechos y que nos ayude a hacer viva nuestra relación con Nuestro Señor Jesucristo.

Así pues comencemos en Nombre del Señor y de María Santísima.

P. Francisco J. Rebollo s.d.a.